Agapito y los once goles

                                                              Foto: fotosfutbolperuano.blogspot.com

Agapito Rodriguez contemplaba inmóvil sus guantes gastados, y eso que aún no terminaba el partido. Parecía un muerto de pie, una estatua de piedra. Tal vez pensaba en todos los goles que no pudo evitar en ese maldito partido de fútbol. Es que fueron tantos que no lograba contarlos todos con los dedos de sus manos. Quizás solo por ese momento deseó tener un dedo de más. Aquella tarde de 1994, en el Estadio Nacional, le acababan de convertir once goles.

Agapito era el arquero titular de Defensor Lima. Un moreno larguirucho de cara larga con el cabello al ras, que vestía pantalón en lugar de short y que usaba medias de color blanco, las mismas que se lucían caídas sobre los botines. Apenas el año anterior había atajado en el Alianza Lima, de manera que su contratación significó un grato refuerzo para el “equipo carasucia”, apelativo con el que se conocía al Defensor.

Así que allí estaba Agapito, incrédulo aún por la magnitud del resultado. A primera vista, la derrota sería señal de la poca capacidad futbolística del plantel, pero en realidad se trataba de la expresión más descarnada de la crisis económica por la que atravesaba el club. Las arcas estaban vacías porque su entonces presidente, Félix Tumay, se había negado a admitir un sponsor en la chompa de los jugadores. Tumay, un coronel en situación de retiro con ideas de izquierda, consideraba una extensión del capitalismo incluir en la indumentaria de juego cualquier tipo de publicidad. De este modo, se distanciaba del criterio imperante en los equipos del Perú y el mundo, que, a base de auspicios, habían convertido el fútbol en una empresa y en donde el dinero, en lugar del amor por un club, decidía el destino de los jugadores (Universitario tenía como sponsor a la marca de fideos Nicolini; Alianza Lima, al canal América Televisión; y Sporting Cristal, como es natural, a cerveza Cristal). Así que ese año la camiseta granate del Defensor Lima permaneció tan limpia como la conciencia de su presidente.

Ese día, el 31 de julio de 1994, los “carasucias” debían enfrentar al mejor equipo del campeonato, el único e inamovible puntero: Sporting Cristal. Sin dinero, sin confianza en los directivos y sin victorias, en el vestuario granate solo se percibía desgano y mucha desilusión. Pero a pesar de la crisis que sufrían, nadie pudo imaginarse que esa tarde recibirían tantos goles.

Manuel Earl, defensa del Sporting, marcó el primer tanto a los tres minutos. El paraguayo y capitán, Pedro Garay, el segundo a los diez. El brasileño Julinho, a los veintitrés minutos, puso el tercero. Descontó Roberto “El Misil” Dolorier para el Defensor. 3 a 1. Antes del final del primer tiempo, el “Chorri” Palacios marcó un par de goles más. Con el 5 a 1 se fueron al descanso mientras que la televisión no se cansaba de repetir los goles.

Por alguna razón, la cámara de canal 13 que estaba ubicada en la tribuna principal no registró las imágenes del segundo tiempo. Así que cuando pasaron el resumen del partido a las diez de la noche en el programa “Goles en Acción”, los seis goles restantes fueron mostrados al ras del campo y justamente con la cámara que estaba detrás del arco del buen Agapito. Era doloroso ver a un equipo (a un arquero) recibir tantos goles. Con la red del arco casi ocupando toda la pantalla del televisor, los goles se sentían como pelotazos en la cara.

Alex Magallanes anotó a los seis del segundo tiempo, Flavio Maestri a los nueve y Nolberto Solano a los veintiocho aumentaba la cuenta a ocho. ¡8 a 1! Y aún faltaba por jugarse poco más de un cuarto de hora.

En un partido de tales características no podía faltar un penal. Y esa tarde tuvo que ser en contra del Defensor Lima. Julio César Balerio, arquero del Cristal, fue llamado por sus compañeros y arengado por los hinchas para patear el penal, pero él, mostrando respeto por el colega rival en desgracia, respetuosamente se negó. Nuevamente Solano, como asestando un martillazo más en la cruz, clavó el noveno. Anotaban tantos goles que ya ni muchas ganas tenían de celebrarlos. Tanto debió doler ese noveno gol que Agapito Rodriguez permaneció recostado sobre el poste izquierdo de su portería. Tuvo que acercarse Maestri, el goleador del Cristal, para tenderle la mano y ayudarlo a ponerse de pie. Alguna vez el arquero uruguayo Gustavo Roverano declaró en una entrevista que cada vez que le convertían un gol le dolía en el alma el grito de la tribuna contraria. Nunca una verdad fue tan cierta. Nunca tanto como aquella tarde.

“La mejor forma de respetar a un rival es marcándole la mayor cantidad de goles posible”, reza un dicho futbolero. Seguramente por eso y tal vez con cierto pesar, Jorge Soto le anotó el décimo gol a Rodriguez. Y en el último minuto, cuando una decena de goles ya eran demasiado y como para regar la última gota de sangre sobre la arena, Solano sentenció el 11 a 1.

No hubo tiempo para más, los jugadores “carasucias” ingresaron cabizbajos al vestuario, habían recibido la humillación más grande de sus vidas. Se pudo haber culpado a cada uno de los once jugadores por cada gol recibido. Si hoy le preguntan a cualquier hincha por la alineación de ese partido, probablemente no la recuerde. Pero a quien todos recuerdan es al arquero. Fue la peor derrota en la historia del club. El 11 a 1 nunca nadie lo pudo borrar.

La suerte de estos dos equipos se definió algunas fechas antes de que termine el campeonato descentralizado. Cristal fue una máquina esa temporada y finalmente se coronó campeón. Defensor Lima descendió y poco es lo que se sabe hoy de este tradicional equipo limeño. Ese 1994 fue su último año en primera, el último también para Agapito Rodriguez, quien se convirtió con el tiempo en preparador de arqueros. Nadie más preparado que él.

4 comentarios:

  1. Pobre Agapito, yo lo veia hasta hace poco en el estadio del Sport Estrella en Santa Clara (Carretera Central KM 11,5) entrenando niños con ansias de jugar futbol con alma y corazon; ellos iban a su academia atraidos por su slogan "Entrena con los mejores";a veces, cuando terminaba las clases; se sentaba mirando el gramado, lo notaba melancolico como si aun pensara que pudo hacer algo mas aquella tarde del 94 para evitar ese desgraciado resultado. Y es que hay episodios en la vida que jamas se olvidan. Al menos hizo lo posible por ser un buen arquero, toda la culpa ni fue de él.

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  2. Bueno, qué puedo opinar. Un equipo como Defensor Lima, sin fondos para pagar a sus jugadores estresados por llevar el pan a las mesas de sus hogares no motiva a que jueguen con ganas. Eso del llamado "amor a la camiseta" es cosa del pasado. Si el equipo que te contrata te brinda facilidades como un lugar para entrenar, equipos médicos y pagar puntualmente la planilla de hecho que los jugadores estarían muy motivados.

    Soy hincha de Sporting Cristal y concluyo que Agapito Rodríguez no tuvo culpa en ese resultado del año 94. En el año 95 jugando por Unión Huaral contra mi equipo lo vi como que buscaba su revancha, el resultado fue 3-3 y demostró que podía reivindicarse.

    Desde aquí como peruano le deseo los mejores éxitos a él y su familia. En la vida hay golpes y caídas, pero siempre hay una revancha y todavía puede hacerlo.

    Señor Agapito Rodriguez, el partido no ha terminado, de aquella experiencia, usted puede ser un buen entrenador y enseñar a los nuevos valores a ser mejores. ¡¡Le deseo muchos éxitos!!

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  3. agapito tiene el respeto de todo elPerú, todos sabemos que es el menos culpable de esa humillación. Gracias a esa goleada, el Defensor Lima fue más que conocido, la prensa se preocupó en difundir su calamitoso estado y a su presidente más loco que una cabra

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  4. AGAPITO ERA PESIMO......ES MÁS NO ME EXPLICO COMO HA PODIDO ESTAR TRABAJANDO CON LOS SELECCIONADOS .........Y NO ES EL ÚNICO.....HAY VARIOS PORTEROS QUE QUIZAS PORTEROS DE COLEGIO PODRIAN SER...PERO NO DE FUTBOL......HAY TANTO PAYASO QUE SE LA LLEVA FACIL EN EL FUTBOL.

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