Diez en conducta *

                                                          Foto: libero.pe

* En la escala de calificación del 0 al 20, 11 es la nota mínima aprobatoria.

La camiseta transpirada es de color rosa y lleva el número “10” impreso en la espalda. No está impreso el apellido, pero los hinchas saben que le pertenece a Carlos Flores, “Kukín”, su hijo predilecto. El árbitro sanciona un tiro libre a favor del equipo rosado, el Sport Boys. “Kukín” es el dueño de la pelota. Se prepara para chutar. Encoge los hombros, coloca los codos hacia atrás, sus omóplatos toman la forma dos alas, su cabeza parece flotar. Remata al arco. El tiro lleva precisión y violencia, pero la pelota roza el poste y se va afuera. Falla en el disparo. Qué importa. En la vida, “Kukín” se ha equivocado aún más. El fútbol le dará revanchas, la vida no.

Porteño de nacimiento, bravo por instinto, rebelde con y sin causa. “Kukín” Flores debutó profesionalmente en Sport Boys en 1991 y formó parte del equipo hasta 1994. A partir del año siguiente no fue capaz de permanecer más de dos temporadas consecutivas en un mismo club. Su indisciplina era tan grande como su talento. De algunos equipos, incluso, se desvinculó antes de terminar la temporada. Tuvo siete etapas más en su Sport Boys querido. En la última de ellas, lo despidieron para siempre. Carlos Flores es contemporáneo con Roberto “El Chorrillano” Palacios, el último “10” de la Selección Peruana. Ese “10” pudo haber sido “Kukín”. Pero no quiso, o quizás no pudo. Nunca sabremos cuál hubiera sido su techo porque él siempre prefirió vivir cuerpo a tierra. Siempre se ha encontrado más cerca del infierno que del cielo. Los que seguimos su carrera lo hemos visto más veces caído que de pie. En sus veinte años como futbolista, queda la sensación de que lo disfrutamos poco.


Cuando escucho su nombre, es injusto que lo primero que recuerde sea una falta suya y no una de sus asistencias geniales o alguno de sus goles olímpicos. Corría el año 1995 y vi la falta en vivo por televisión. Jugaba el Boys de visitante ante Alianza Lima. Fue la única vez en que vi a un “10” lanzarse a las piernas de un contrario como si cayera luego de efectuar un salto largo. Quiso plantar los toperoles de sus botines en los tobillos del “Churre” Hinostroza, pero no lo agarró. Porque si lo agarraba lo partía. Eso no fue motivo para que Hinostroza exagere y se dé mil vueltas sobre el césped. Tarjeta roja y vergüenza. Para colmo, el Boys perdió el partido.

Alguna vez, un periodista lo  bautizó como el Mario Broncano del fútbol. Carlitos se molestó. Broncano fue un boxeador peruano que llegó a ser campeón sudamericano. Fue la gran promesa de su tiempo, pero luego se perdió en la droga y la delincuencia. “Kukín” Flores no cayó tan bajo, pero cerca estuvo. Muy cerca. La única promesa que nos ofreció fue la de disfrutarlo en una cancha, donde nos enrostró su picardía y nos abofeteó con su rebeldía. Fútbol profesional o potrero, le daba lo mismo. Es ese tipo de jugador que es capaz de despertar la nostalgia del hincha en el tiempo presente, como si cada pase suyo fuera una despedida, como si se estuviera viendo a "un jugador de los de antes". Se retiró y lo retiraron muchas veces del fútbol, pero él volvió una y otra vez. Solo con el afán de volver a jugar, no de cambiar. Que ironía, "Kukín", que siempre te resultara más fácil controlar una pelota que tu propia vida. La redonda podías pasártela de pie a pie sin que se te cayera nunca, pero tu vida siempre se te escapó de las manos.
                                                                                                                   Video: ZONAROSADA

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